


Ori and the Blind Forest es el primer juego de Moon Studios y una de las obras de arte más hermosas que el medio ha producido. Lanzado en 2015, estableció al pequeño estudio austríaco como uno de los más talentosos del indie y convenció a Microsoft de publicarlo como exclusiva de Xbox y PC.
Ori es un espíritu del bosque que se separó del Árbol del Espíritu durante una tormenta y fue criado por una criatura del bosque llamada Naru. Cuando la oscuridad comienza a corromper el bosque de Nibel y Naru muere, Ori debe restaurar los elementos del bosque y encontrar su lugar en él.
La narración es completamente visual y emocional, sin diálogos apenas. Las relaciones entre personajes, el tono de cada zona y el peso de los momentos clave se comunican a través de la animación, la música y el color. La secuencia de apertura del juego es tan emocionalmente efectiva que ha hecho llorar a jugadores que normalmente no se conmueven con videojuegos.
El movimiento de Ori evoluciona progresivamente desde simples saltos hasta una acrobacia compleja que incluye impulsos de pared, saltos de proyectiles enemigos y un dash de velocidad. La sensación de movimiento final es una de las más satisfactorias en el género de plataformas.
La secuencia de escape del Ginso Tree y la de la Soku-Namu son dos de las secciones de plataformas más intensas y bien diseñadas de cualquier metroidvania: largas secuencias sin puntos de guardado que requieren dominar completamente el movimiento de Ori.
Gareth Coker compuso la banda sonora, que fue nominada en múltiples categorías y que hoy es considerada una de las mejores en la historia del medio independiente.