


Dark Souls III es la culminación de la trilogía de Hidetaka Miyazaki y un regalo para los fans de la saga. Lanzado en 2016, toma los mejores elementos de Dark Souls, Bloodborne y Dark Souls II y los sintetiza en la entrada más pulida y rápida de la franquicia.
La Llama se está extinguiendo. Los Sin Cenizas, antiguos campeones que deberían estar muertos, resucitan y son convocados para retornar a sus tronos y alimentar la Llama Primordial. Eres uno de ellos. El Lothric en ruinas al que llegas es un mundo en su ocaso, lleno de huecos que repiten ciclos sin fin y de criaturas que no pueden o no quieren morir.
El combate es el más rápido de la trilogía original. Los enemigos son más agresivos, los bosses tienen patrones más elaborados y el ritmo de los encuentros exige una reactividad mayor. El sistema de cenizas de guerra permite personalizar los movimientos especiales de las armas, creando builds que combinan habilidades de múltiples estilos.
El diseño de niveles conecta las zonas de maneras que sorprenden cuando descubres atajos que unen lugares que creías separados. El castillo de Lothric, la Catedral del Abismo Profundo, los Archivos del Gran Archivo, el lago de Arena de Smouldering... cada zona tiene su propia identidad visual y sus propios peligros.
Los jefes son el punto más alto de la saga: Vordt of the Boreal Valley, Pontiff Sulyvahn, Aldrich Saint of the Deep, Champion Gundyr, y el Nameless King, considerado por muchos el mejor jefe de toda la franquicia Souls.
Las dos expansiones, Ashes of Ariandel y The Ringed City, añaden algunos de los mejores momentos del juego.